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El arte perdido de pedir ayuda

  • Por: Shari Lifland
  • Biblioteca AMA © Copyrights 2019

Los estantes de las librerías están llenándose de libros de auto ayuda, pero el libro “Mayday! Asking for Help in Times of Need” de Nora Klaver tiene un propósito anti-auto ayuda.


En sus páginas Klaver explica por qué mucha gente tiene miedo a pedir ayuda y ofrece un proceso de 7 pasos que te ayudará a obtener la ayuda que necesitas, cuando la necesites…

¿Alguna vez te has preguntado el origen de la palabra “mayday”, la llamada de auxilio utilizada por barcos y aeronaves? Como introducción al libro Klaver, instructora y maestra de Chicago, explica: “Proviene del Francés m’aidez (que se pronuncia muy parecido a la palabra mayday) y se traduce literalmente como “ayúdame”, el término es algunas veces utilizado por la gente que ha alcanzado un pánico personal muy notable.

¿Te resistes a pedir ayuda – al grado de considerarlo tu último recurso? No estás solo. Klaver enlista algunas de las razones por las que la gente frecuentemente retrasa la solicitud de ayuda hasta que realmente se encuentra en desesperación. Ella menciona:

  1. Podemos pedir ayuda muy tarde porque no reconocemos lo suficientemente a tiempo lo que tenemos que hacer.
  2. Podemos no ver la fotografía entera, así que la ayuda que pedimos solo satisface una parte de nuestra necesidad.
  3. Podemos pedir ayuda a la persona equivocada.
  4. Nuestras peticiones pueden ser poco claras por lo que los demás no entienden lo que necesitamos exactamente.
  5. La ayuda puede venir, pero como no somos claros en lo que pedimos, es una ayuda equivocada.
  6. Podemos exigir ayuda, en lugar de pedirla respetuosamente.
  7. Podemos recurrir a la extorsión, corrupción o incluso coerción para satisfacer nuestras necesidades.
  8. Algunas veces sin saberlo pedimos compasión en lugar de ayuda.
  9. Nuestros cuerpos pueden percibir nuestros miedos y subliminalmente enviar el mensaje de que estamos muy lejos de ser ayudados.
  10. Podemos pedir ayuda muy frecuentemente sin conciencia a nuestros amigos, familiares o colegas. La fatiga por compasión se convierte en una posibilidad real para ellos.
  11. Podemos estar cerrados y negados y nunca pedir ayuda.


La buena noticia es que puedes aprender a pedir ayuda, dice Klaver. De hecho puede ser un simple acto. Pero primero, tenemos que eliminar algunos mitos culturales. Por ejemplo:

  • Mito: Pedir ayuda te hace ver débil o necesitado.
  • Realidad: No es vergonzoso voltear a ver a otros en tiempos de verdadera necesidad. De hecho, es un signo de fortaleza.

  • Mito: Pedir ayuda muestra incompetencia – especialmente en el trabajo.
  • Realidad: Buscar ayuda en el trabajo muestra a los demás que tú quieres hacer el trabajo bien, desarrollarte y aprender.

  • Mito: Pedir ayuda puede dañar las relaciones.
  • Realidad: Las relaciones sanas se tratan de dar y recibir – no solo dar.

  • Mito: Pedir ayuda pone a los demás en una posición incómoda.
  • Realidad: Es por naturaleza humana ofrecer ayuda cuando ves a alguien que la necesita – y esto no es diferente cuando alguien te ve con una necesidad a ti.

  • Mito: Pedir ayuda puede llevarte a ser rechazado.
  • Realidad: Incluso un “no” como respuesta te ofrece una oportunidad de aprender de ti mismo – y de tus relaciones.

  • Mito: Pedir ayuda significa que tal vez el trabajo no va a estar bien hecho.
  • Realidad: Negarte a pedir ayuda por miedo a perder el control mantiene el “status quo”. Ve y dale a tu compañero la oportunidad de ayudar y brillar.

  • Mito: Pedir ayuda significa que tendrás que devolver el favor.
  • Realidad: La ayuda otorgada libremente viene sin ataduras – es suficiente con un simple y sincero “gracias”.

  • Mito: Pedir ayuda no es nuestra costumbre.
  • Realidad: La independencia y autosuficiencia son cualidades admirables que te llevan al éxito. Todos los grandes emprendedores han construido todo con apoyo, trabajo en equipo y colaboración.


EL PROCESO ¡S.O.S.!

Para asegurarte de que tus señales de ¡mayday! Han sido transmitidas con fuerza y claridad, Klaver recomienda un proceso de 7 pasos:

  1. Ponle nombre a tu necesidad. Cálmate y hazte a ti mismo algunas preguntas para que puedas clarificar exactamente qué necesitas. No te quedes siempre en tu primera impresión para resolver la situación.
  2. Date un respiro. Nunca serás capaz de pedir ayuda hasta que realmente creas que la mereces.
  3. Da el Salto. Debes tener la autoconfianza necesaria para tener fe en que encontrarás la ayuda que necesitas.
  4. ¡Pide! Este es el paso en el que debes hacer la petición. Expande tu lista de aliados que te pueden ayudar: genera la mayor cantidad de nombres de ayudantes potenciales que puedas – incluye a aquéllos que tal vez digan no.
  5. Demuestra gratitud. La gratitud es una parte importante del proceso. Ésta hará que los demás vean que eres agradecido y estarán abiertos en el futuro a ayudarte de nuevo.
  6. Escucha abiertamente. Escucha no solo las palabras, pon atención a los mensajes emocionales implícitos cuando respondan a tu solicitud de ayuda.
  7. Di gracias. El último paso es decir gracias – aunque tu compañero acceda o no a darte su ayuda. Usa la regla de “3 gracias” expresando tu gratitud tres veces: cuando el acuerdo no se lleva a cabo; cuando la necesidad se ha cubierto, cuando vuelvas a ver a quien te ayudó.


Klaver ofrece ánimo y esperanza incluso a aquéllos que se niegan a pedir ayuda. Ella escribe: “Como cualquier habilidad, es requerida la práctica. Entre más frecuentemente pidas ayuda, más cómodo te sentirás. Con el tiempo, los errores de comunicación se reducirán, la ansiedad se reducirá y tus palabras se volverán más elocuentes.”

Para más información visita www.maydaythebook.com
ANEXO

Las desventajas de rechazar la ayuda de nuestros compañeros de trabajo: Cuando nos sobreviene una gran carga de trabajo y nos ofrecen ayuda, muchas veces escuchamos demasiado a nuestro ego y la rechazamos reafirmándonos en que nosotros solos, prescindiendo de esa ayuda, somos capaces de sacar el trabajo adelante. Una decisión a veces aventurada que puede jugarnos malas pasadas puesto que puede desencadenar en consecuencias muy negativas, como el descrédito a la hora de cumplir plazos (a los que no hemos llegado por prescindir de ayuda adicional), una disminución de la calidad de nuestro trabajo al comprometernos a más de lo que podemos, e incluso puede afectar a nuestro estado de ánimo, al tener que vivir en una situación de estrés constante que tan poco favorece a las relaciones laborales.

Shari Lifland | Administra el contenido de Members-only de AMA, edita revistas electrónicas y es editor asociado de AMA Quarterly.

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